Lo bueno de ser un hombre con un resfriado, es que nadie se extraña de que nos quejemos tanto y por cualquier cosa. No lo cambiaría por nada, los estoícos y las mujeres que aguantáis no tenéis ni idea de lo que os perdéis... si es que incluso el "¡¿pero quieres dejar de quejarte?!" me suena bien en estos momentos.